Mocasines de mujer: cómo elegirlos y cómo llevarlos
El mocasín es el zapato cerrado y bajo que se calza sin cordones: no tiene cordones ni hebilla de cierre y se mantiene en el pie gracias a la forma del corte y a la pala cosida sobre el empeine. Es esa ausencia de regulación lo que lo define, y también la razón por la que aquí la talla cuenta más que en cualquier otro zapato: no hay ningún cordón que apretar si calza ancho.
La diferencia que se nota al caminar no es el corte, es la suela. Una suela fina de cuero deja percibir el terreno, se desgasta antes y se puede resolar; una suela de goma elevada aísla del frío, agarra mejor sobre mojado y añade algunos milímetros de altura. La primera es la elección de interior y de entretiempo, la segunda la de ciudad y de lluvia.
La piel, el ante y la napa no piden el mismo cuidado. La piel lisa se limpia con un paño húmedo y una crema neutra, aguanta el agua y con el tiempo toma una pátina; el ante se cepilla en seco y se protege con un espray antes del primer uso, porque un cerco de agua sobre el ante se queda; la napa es la más blanda de las tres, se adapta al pie desde la primera hora pero se marca con facilidad.
Sobre la talla vale una sola regla: el mocasín se prueba al final del día, cuando el pie está en su máximo volumen, y debe quedarse quieto en el talón sin que haga falta agarrar con los dedos. Si el talón se levanta al caminar la talla es grande, y nunca lo será menos: la piel cede y no se encoge. Media talla de más se corrige con una plantilla, una talla entera no.
Quien busca la misma facilidad de calzado en un volumen menor puede mirar las bailarinas de mujer, que comparten con el mocasín la ausencia de cierre; quien prefiere una suela más deportiva encontrará en cambio los slip-on de mujer.