Kurt Geiger: bolsos y zapatos de mujer con aplicaciones a la vista
La bailarina es el zapato plano y escotado sobre el empeine, sin tacón y sin cierre. En esta página convive con las sandalias, los mocasines, un salón destalonado y un grupo de bolsos: cambia la categoría, no cambia el rasgo reconocible, porque este se apoya en los elementos aplicados sobre el corte y sobre la piel del bolso más que en la forma del zapato.
Cristales, strass y tachuelas van aplicados, no estampados, y eso tiene una consecuencia práctica. Aguantan la luz mucho mejor que un estampado y no destiñen, pero son también la única parte del zapato que se puede desprender. Se desempolvan en seco con una brocha suave, nunca con agua, y los zapatos que los llevan se guardan en su bolsa: son los demás zapatos, al rozar dentro del armario, los que los hacen saltar.
Entre las sandalias la diferencia práctica está en el material de la tira. La mule de goma, la llamada jelly, se lava bajo el agua corriente, no teme la arena ni el agua salada y aguanta un verano entero sin mantenimiento; la sandalia de piel o de ante con tira sujeta mejor el pie y se lleva también de noche, pero debe mantenerse seca y guardarse en plano. La comparación con las otras alturas está entre las sandalias de mujer.
Los bolsos se distinguen por cómo se llevan, no por la capacidad: de mano con asas cortas, al hombro con correa regulable, en bandolera en el formato pequeño de noche. Las versiones con flecos y las de estampado animal se cepillan en el sentido del pelo y nunca se guardan comprimidas entre otros bolsos, porque un pliegue tomado en reposo ya no se quita. La comparación con el resto del surtido está en la página de los bolsos de mujer.