Carteras de hombre: grosor, compartimentos y formato
Una cartera se elige ante todo por el espacio que ocupa en el bolsillo. En esta selección el grosor declarado va de un centímetro a dos y medio, y la diferencia no es estética: un centímetro desaparece en el bolsillo interior de una chaqueta sin deformarla, dos y medio se hacen notar y quedan mejor en un bolsillo exterior o en un bolso. El resto de las medidas se mueve poco, entre nueve y trece centímetros de lado: es el grosor el que decide dónde acabará llevándose la cartera.
El formato vertical se abre por el lado corto y dispone las tarjetas en columna. Mide 13,3 × 9,4 centímetros con un centímetro de grosor y ofrece ocho compartimentos para tarjetas, cuatro para documentos y dos huecos para billetes. Es el formato que más contiene a igualdad de volumen, porque reparte las tarjetas en altura en lugar de superponerlas, y sigue siendo el más adecuado para quien tiene muchas tarjetas pero no quiere un objeto rígido en el bolsillo.
El modelo con monedero integrado es la propuesta más representada de esta página. Mide 12 × 9,5 centímetros con dos centímetros y medio de grosor, y en su interior caben siete compartimentos para tarjetas, seis para documentos, dos huecos para billetes y un bolsillo cerrado para las monedas. Es la solución para quien no quiere llevar un monedero aparte y acepta a cambio un perfil más lleno: las monedas son la parte que da volumen a cualquier cartera, y reunirlas en un hueco dedicado evita que deformen los compartimentos de las tarjetas.
Los formatos compactos bajan de los diez centímetros de ancho y renuncian a los huecos para documentos para guardar solo las tarjetas y algún billete doblado. Son la elección de quien ha trasladado documentos y pagos al teléfono y usa la cartera para lo que queda: dos o tres tarjetas, el efectivo de emergencia, el carné. En el bolsillo del pantalón, una cartera compacta es el único formato que no se nota al sentarse.
Todos los modelos disponibles en esta selección se declaran enteramente de piel. La piel de una cartera trabaja más que la de un zapato, porque se abre y se cierra decenas de veces al día: en los primeros meses el pliegue central se asienta y el cuero pierde rigidez, y después la superficie desarrolla una pátina que sigue el modo en que se usa el objeto. Conviene no sobrecargar los compartimentos de tarjetas más allá de su capacidad, porque es la deformación permanente, y no el desgaste de la superficie, lo que deja una cartera fuera de uso. El resto de la categoría está reunido en los accesorios de hombre.