Qué es una mary jane y cuándo conviene
La mary jane es el zapato bajo y cerrado con una tira que cruza el empeine. Esa tira no es un adorno: es lo que sujeta el pie dentro del zapato sin necesidad de agarrar con los dedos, y por eso una mary jane se queda en su sitio donde una bailarina tiende a descalzarse al andar. La versión de esta página es plana, con un tacón de un centímetro, punta afilada y corte en tejido de espiga con aplicaciones de terciopelo.
El tejido no se comporta como la piel. La espiga — el ligamento en raspa de pescado que se obtiene alternando la dirección del entramado — es más rígida que una napa y mantiene la forma del corte incluso tras muchas horas de pie, pero no se ensancha para adaptarse al pie como haría la piel. Quien tenga el empeine alto hará bien en comprobarlo en la prueba, porque el tejido no cede. El terciopelo de las aplicaciones es un pelo corto: se reaviva con un cepillo suave y teme el agua más que la piel, de modo que es un zapato de ciudad en seco más que de lluvia.
La sandalia de cuña responde a otra necesidad: ganar ocho centímetros sin la carga que un tacón fino descarga sobre el antepié. En la cuña la suela es continua del talón a la punta, así que el peso queda repartido y el desnivel entre talón y antepié es mucho menor que el que producirían ocho centímetros de tacón de aguja. Es la razón por la que una cuña alta se lleva una velada entera mientras que un tacón de la misma altura a menudo no. El modelo de esta página tiene el corte en terciopelo y una tira que bloquea el talón e impide que el pie resbale hacia delante.
En todos los modelos la plantilla es de piel y la suela de goma. La piel en contacto con el pie absorbe la humedad de la jornada y tras unos cuantos usos toma la forma del arco plantar; la goma de debajo agarra en mojado y amortigua el paso mejor que un piso rígido. Otras propuestas de la misma familia están en la categoría bailarinas de mujer, que sigue siendo la referencia permanente aunque cambie el surtido de una marca concreta.