Derby, oxford y brogue: cómo elegir los zapatos de cordones
El zapato de cordones es el modelo cerrado que se ajusta con un cordaje que pasa por una serie de ojales. La diferencia que cuenta está en el cordaje: en el derby las orejas van cosidas sobre la pala y quedan abiertas en la base; en el oxford van cosidas debajo y cierran en V. Es una diferencia de montaje, no de gusto, y decide cuánto volumen deja el zapato al empeine.
Con un empeine alto, el derby es la opción más tolerante, porque las dos orejas se separan sin forzar la piel. El oxford cierra la horma de forma más ceñida y mantiene una línea continua sobre el pie. Las versiones brogue, con la puntera picada y las perforaciones decorativas, existen en ambos montajes y desplazan el registro de lo formal al día.
El corte es de piel, en su variante lisa y en la cepillada, y de ante. La piel lisa es la más sencilla de mantener y admite crema; el ante pide un cepillo de cerdas y teme el agua, pero devuelve una superficie mate que suaviza la formalidad de la forma. Los colores recurrentes de la página son el negro, el marrón en sus degradados y el azul.
Debajo conviven la suela de goma y la de cuero. Varios modelos llevan vira de cuero, la tira cosida que une corte y suela y deja el zapato resolable; el montaje Blake, cosido directamente a través de la suela, da en cambio un perfil más fino y flexible. El tacón se mantiene bajo, entre 2 y 4 centímetros, y la plantilla de cuero es el acabado interior más extendido.
Un zapato de cordones nuevo pide unos días de adaptación: la piel se asienta sobre el pie y el pliegue del antepié encuentra su posición. Alternar dos pares y dejar descansar el zapato un día sí y otro no alarga notablemente la vida del corte. El resto de la oferta masculina está en los zapatos de hombre.