Qué zapatos de hombre aguantan el otoño y el invierno
Un zapato de hombre de otoño invierno se reconoce por hasta dónde cierra y por cuánto aísla el pie del suelo: corte que cubre el empeine o el tobillo, forro presente, suela más gruesa y con dibujo, más peso que un zapato de verano. En los zapatos de hombre de otoño invierno la suela cuenta tanto como el corte: es la que mantiene el pie lejos del asfalto frío y mojado, y el dibujo del piso decide cuánto agarre queda sobre adoquín húmedo y hojas.
El botín es la familia que cubre más días de invierno y se distingue por cómo cierra. El chelsea no lleva cordones: dos elásticos laterales y una lengüeta trasera, se calza de un gesto y mantiene la línea más limpia. El botín de cordones cierra por encima del tobillo, así que se ajusta al empeine y sujeta mejor al pisar. La versión brogue añade la puntera perforada y lleva el modelo hacia lo formal. En esta familia hay pieles tratadas que aclaran en los pliegues, como las de MOMA, y hormas más afiladas con cordonera larga, como las de Green George. Todos los modelos altos de cordones están reunidos en los botines de cordones de hombre.
Entre los zapatos bajos cerrados la diferencia está en la cordonera. El derby lleva los cuartos abiertos cosidos sobre la pala y deja sitio al empeine, por lo que admite calcetín grueso; el Oxford los lleva cerrados y cosidos por debajo, dibuja una línea más limpia y es el más formal de los dos; la doble hebilla prescinde de los cordones y se ajusta con dos tiras. Aquí conviven hormas clásicas, bien representadas por Jerold Wilton, y modelos de suela más generosa, como los de Fabi. El surtido completo está en los zapatos de cordones de hombre.
La zapatilla no desaparece en invierno: cambia de materiales. En lugar de la lona llegan el ante, el nobuk y el nailón técnico, la suela sube y gana tacos, y aparece un forro donde en verano no había. Va desde suelas voluminosas con paneles de ante, como en Hogan, hasta cortes altos en ante más grueso, como en Barracuda. En ambos casos lo que hay que mirar es cuánto cierra el zapato por delante, porque es por ahí por donde entra el agua.
Las pieles de invierno se eligen por el agua que soportan. La piel grabada y la envejecida disimulan los arañazos y aguantan la lluvia ligera; el ante es cálido y ligero pero necesita un spray protector antes del primer uso y cepillado solo en seco; el nobuk queda a medio camino. Sobre el montaje: la construcción con vira une corte, plantilla y suela mediante una tira de piel perimetral, pesa más pero permite cambiar la suela varias veces, mientras que el montaje pegado es más ligero y flexible desde el primer día. Pawelk's se reconoce por sus construcciones blandas y poco estructuradas, Sebago por sus modelos de origen náutico en piel engrasada.
El calce de invierno se prueba con el calcetín que se vaya a usar de verdad, no con el pie desnudo: media talla de diferencia entre un calcetín de verano y uno de lana gruesa es normal, y en un botín esa media talla se nota antes en el empeine que en la puntera. Un modelo forrado no cede como uno sin forro, así que hay que acertar la talla desde el principio. Si el zapato entra sin aflojar los cordones ni tirar de la lengüeta trasera, con el calcetín grueso quedará estrecho.